Hay una idea que parece absurda la primera vez que se escucha: algunas de las personas más ricas del mundo pueden vivir rodeadas de lujos, aumentar su fortuna durante décadas y, aun así, declarar relativamente pocos ingresos sujetos a impuestos. No porque no tengan dinero. No porque estén escondiendo billetes debajo del colchón. La clave está en algo mucho más sofisticado: la diferencia entre tener riqueza y tener ingresos.
Para la mayoría de las personas, ganar dinero significa cobrar un sueldo, recibir pagos por un trabajo o tener un pequeño negocio. Ese dinero entra, se declara y paga impuestos según las reglas del país. Pero en el caso de los multimillonarios, gran parte de su fortuna no llega como salario. Está en acciones, empresas, propiedades, fondos, obras de arte u otros activos que pueden subir de valor con el tiempo. Y ahí aparece el detalle que cambia todo: mientras esos activos no se venden, muchas veces esa ganancia no se considera ingreso realizado.
Dicho simple: si una persona compra acciones por 10 millones y años después esas acciones valen 1.000 millones, su riqueza aumentó muchísimo. Pero si no vende esas acciones, en muchos sistemas fiscales no ha generado una ganancia gravable por impuesto a la renta. La ganancia existe en el papel, pero todavía no pasó por caja. A eso se le llama ganancia no realizada.
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La diferencia entre ser rico y “tener ingresos”
El sistema tributario suele estar diseñado para cobrar impuestos cuando aparece un ingreso medible: un salario, una venta, un dividendo, una renta o una ganancia de capital realizada. Por eso, una persona común que vive de su sueldo tiene poco margen para mover las piezas. Cobra, declara y paga.
En cambio, una persona cuya riqueza está concentrada en acciones puede elegir cuándo vender. Y esa elección importa mucho. Si vende una parte importante de sus acciones, puede tener que pagar impuestos por ganancias de capital. Pero si no vende, no dispara ese impuesto. Así, puede seguir siendo extremadamente rica sin mostrar ingresos anuales tan grandes como su fortuna real.
Investigaciones periodísticas sobre los impuestos de grandes fortunas en Estados Unidos han explicado que algunos multimillonarios acumulan enormes patrimonios pagando porcentajes relativamente bajos sobre su riqueza total, en parte porque evitan vender activos y, por lo tanto, evitan generar ingresos tal como los define el sistema fiscal.
El truco central: pedir prestado contra las acciones
Aquí entra la parte más llamativa del mecanismo. Si el multimillonario no vende sus acciones, ¿cómo obtiene dinero para vivir, comprar mansiones, viajar en aviones privados o financiar su estilo de vida? La respuesta es: pide préstamos.
Los bancos están encantados de prestar dinero a personas con grandes patrimonios. Si alguien tiene miles de millones en acciones de una empresa sólida, puede usar esas acciones como garantía. El banco presta dinero con intereses bajos porque el riesgo parece menor: detrás del préstamo hay activos muy valiosos.
Y lo más importante: un préstamo no suele considerarse ingreso. Si un banco te presta dinero, ese dinero no es una ganancia, porque en teoría tienes que devolverlo. Por eso, no se grava como salario ni como renta común. En la práctica, esto permite que una persona rica obtenga liquidez sin vender sus activos y sin activar impuestos por ganancias de capital.
A esta estrategia se la conoce popularmente como “Buy, Borrow, Die”, que en español podría traducirse como “comprar, pedir prestado y morir”. Primero se compran o se conservan activos que suben de valor. Luego se pide dinero prestado usando esos activos como respaldo. Finalmente, al morir, los herederos reciben esos bienes bajo reglas fiscales que pueden borrar una gran parte de la ganancia acumulada.
Por qué vender puede ser más caro que pedir prestado
Imagina dos caminos. En el primero, una persona vende acciones por 100 millones para tener dinero en efectivo. Si esas acciones habían sido compradas por mucho menos, aparece una ganancia de capital y, según la legislación aplicable, puede tener que pagar impuestos.
En el segundo camino, esa misma persona no vende nada. Mantiene las acciones, pide un préstamo de 100 millones usando esas acciones como garantía y usa ese dinero para gastar o invertir. Como el préstamo no es ingreso, no paga impuesto sobre la renta por recibirlo. Además, si las acciones siguen subiendo de valor, su patrimonio puede crecer más rápido que el costo de los intereses.
Este punto es clave: para una persona común, endeudarse suele ser una carga. Para un multimillonario, bien negociado, puede ser una herramienta financiera. No se trata de pedir un préstamo de consumo con intereses altos, sino de líneas de crédito respaldadas por activos enormes, negociadas con condiciones muy favorables.
La regla del “step-up basis”: lo que pasa al morir
La tercera parte del sistema es la más polémica. En Estados Unidos existe una regla conocida como “stepped-up basis” o “ajuste al valor de mercado al heredar”. Esta regla permite que ciertos activos heredados tomen como nuevo valor base el precio que tenían al momento de la muerte del dueño original, no el precio al que fueron comprados décadas atrás.
Esto puede borrar, a efectos del impuesto sobre ganancias de capital, una gran parte de la ganancia acumulada durante la vida del propietario. Por ejemplo, si alguien compró acciones por 1 millón y al morir valen 100 millones, los herederos pueden recibirlas con una base fiscal cercana a esos 100 millones. Si luego las venden por ese mismo valor, la ganancia gravable puede ser mínima o inexistente.
Esto no significa que nunca exista ningún impuesto relacionado con una herencia. Puede haber impuestos sucesorios o patrimoniales según el país, el tipo de activo, la estructura legal y el tamaño de la fortuna. Pero para el impuesto sobre ganancias de capital, el “step-up basis” puede ser una ventaja enorme, porque elimina el impuesto sobre la ganancia no realizada acumulada por la persona fallecida.
¿Es ilegal?
La parte incómoda es que, en muchos casos, no es ilegal. No estamos hablando necesariamente de esconder dinero en paraísos fiscales ni de falsificar documentos. Estamos hablando de usar reglas existentes: no vender activos, pedir préstamos, aprovechar deducciones, planificar herencias y estructurar patrimonios con ayuda de abogados, contadores y asesores financieros.
Eso no significa que sea justo. Legalidad y justicia no siempre son lo mismo. Un sistema puede permitir algo y, aun así, generar una sensación de desigualdad. La persona común paga impuestos cada mes sobre su sueldo. El multimillonario, en cambio, puede vivir de préstamos respaldados por activos que siguen creciendo y que quizá nunca se vendan durante su vida.
Ahí nace el debate político y económico: ¿debería gravarse la riqueza acumulada aunque no se venda? ¿Deberían pagar impuestos las ganancias no realizadas? ¿Debería eliminarse o limitarse el “step-up basis”? ¿O hacerlo podría generar problemas, como obligar a vender empresas familiares, campos o activos difíciles de valorar?
Por qué este sistema aumenta la desigualdad
El problema de fondo es que esta estrategia solo funciona a gran escala. Una persona común también puede pedir un préstamo, pero no tiene miles de millones en acciones para usar como garantía. Tampoco puede negociar las mismas tasas ni contratar equipos legales para planificar su patrimonio durante generaciones.
La riqueza, cuando está bien estructurada, puede crecer casi en silencio. No siempre aparece como ingreso. No siempre se vende. No siempre pasa por el mismo filtro fiscal que un salario. Y cuanto más grande es el patrimonio, más herramientas existen para protegerlo, multiplicarlo y transferirlo.
Por eso muchos economistas y analistas sostienen que los sistemas tributarios modernos tratan de forma muy diferente al trabajo y al capital. El trabajo se grava rápido y de forma visible. El capital, en cambio, puede esperar, moverse, apalancarse y heredarse con ventajas que no están al alcance de la mayoría.
La gran pregunta: ¿debería cambiarse el sistema?
Quienes defienden estas reglas argumentan que gravar ganancias no realizadas sería complicado. ¿Cómo se valora una empresa privada que no cotiza en bolsa? ¿Qué pasa si un activo sube un año y baja al siguiente? ¿Cómo se evita castigar a personas que tienen patrimonio pero poca liquidez?
Quienes critican el sistema responden que no hacer nada también tiene un costo. Si los más ricos pueden financiar su vida sin declarar ingresos proporcionales a su riqueza, la carga fiscal termina cayendo más fuerte sobre salarios, consumo y pequeñas empresas. En otras palabras, el sistema puede premiar a quien ya tiene mucho capital y exigir más a quien depende de su trabajo mensual.
La estrategia de “comprar, pedir prestado y morir” resume una verdad incómoda sobre el dinero: no todos juegan con las mismas reglas. Para la mayoría, el dinero se gana, se cobra y se tributa. Para los más ricos, la riqueza puede convertirse en una maquinaria financiera que permite vivir sin vender, gastar sin declarar ingresos tradicionales y heredar activos con ventajas fiscales muy difíciles de igualar.
Y tal vez esa sea la parte que más molesta. No es un truco escondido en una cueva. Es una arquitectura legal, financiera y fiscal diseñada de tal forma que quien entiende el sistema y tiene suficiente dinero puede usarlo a su favor. Mientras tanto, millones de personas siguen creyendo que pagar impuestos funciona igual para todos.













